Selectividad alimentaria ¿Qué es?
Selectividad Alimentaria ¿Qué es?
La selectividad alimentaria, más comúnmente conocida como » comida selectiva «, se refiere a una tendencia a hábitos alimentarios selectivos en los que los niños suelen mostrar una marcada preferencia por ciertos alimentos. Es un desafío común para los niños y podría ser preocupante para sus familias, ya que necesitan una dieta sana y equilibrada para apoyar su desarrollo y crecimiento corporal general.
¿Cuáles son los signos de un comportamiento quisquilloso al comer?
- Preferencias alimentarias limitadas. Los niños con comportamientos de alimentación quisquillosos suelen tener una gama muy limitada de alimentos preferidos, como comer solo alimentos blancos o crujientes, por lo que pueden pedir constantemente el mismo tipo de alimentos.
- Evitar ciertos tipos de alimentos. Los niños con dificultades para comer tienden a evitar algunos grupos de alimentos, como los pegajosos o crujientes.
- Negativa a probar alimentos nuevos. Los niños pueden resistirse a probar alimentos desconocidos. También pueden ser reacios a explorar nuevos alimentos a través del tacto, el olfato y el gusto.
- Sensibilidades sensoriales. Algunos niños son muy sensibles a ciertas texturas, olores o sabores. Por ejemplo, algunos son sensibles a alimentos blandos como el puré de papas, el aguacate, el pan blando, los guisantes cocidos y la compota de manzana. También pueden evitar comer en familia debido a su hipersensibilidad sensorial, por ejemplo, evitando cenar con la familia porque pueden ver u oler un alimento específico.
¿Por qué deberíamos preocuparnos por los hábitos alimentarios caprichosos?
A largo plazo, la alimentación selectiva podría tener efectos negativos en la nutrición y el desarrollo infantil. En primer lugar, podría provocar una ingesta insuficiente de alimentos y, además, reducir la ingesta de nutrientes esenciales como el calcio, el hierro y el zinc, lo que perjudica el desarrollo y el crecimiento del niño, incluyendo el bajo peso.
El quehacer del terapeuta ocupacional en la selectividad alimentaria
El trabajo del terapeuta ocupacional en la infancia está enfocado en lograr la mayor independencia posible del niño, haciendo frente a sus posibles limitaciones y fomentando la participación en sus ocupaciones diarias: Actividades Básicas de la Vida Diaria, Actividades Instrumentales de la Vida Diaria, descanso y sueño, educación, juego, ocio y participación social.
Una de las principales ocupaciones (y actividad básica) del niño es la alimentación, pues es la base que genera la energía necesaria para afrontar las actividades y aprendizajes de su día a día, permitiendo su desarrollo físico e intelectual. Sin embargo, puede verse alterada por numerosos factores y convertirse en un momento desagradable del día, tanto para el niño como para su familia. Esto puede deberse a la preocupación por unos malos hábitos alimenticios, unido a las experiencias negativas que les proporciona la hora de la comida, ya que, todo ello, puede generar una fuente de estrés. Es frecuente encontrar dificultades de alimentación en niños con algún problema del desarrollo influyendo estas a distintos niveles.
El rechazo o preferencia por ciertas texturas, sabores, olores, colores, temperaturas o formas; la negación a probar alimentos nuevos; la preferencia por ciertas marcas: los problemas de conducta (conducta de pica, escupir, tirar o tocar el alimento, comer de pie, inflexibilidad ante cambios del entorno) o no masticar son algunas de las dificultades que nos encontramos con mayor frecuencia.
Una intervención temprana en los primeros años de vida es fundamental para restituir estos problemas lo antes posible. Esta intervención debe ser individualizada, teniendo en cuenta las habilidades y necesidades particulares de cada niño. El Terapeuta Ocupacional, mediante una valoración exhaustiva (observación directa e indirecta, entrevista a padres…), determinará cuáles son las dificultades específicas por las que existe el problema (dificultades de integración sensorial, dificultades de masticación, debilidad de la musculatura orofacial, mal control postural, problemas de conducta…) y planteará objetivos de tratamiento adecuados para llevar a cabo la intervención desde distintos abordajes y disciplinas en función de las necesidades.
Algunas de las estrategias que seguiremos durante la intervención serán:
- La creación de ambientes agradables durante las comidas: controlando y adecuando el entorno a las características de cada niño.
- La creación de rutinas de alimentación: fijar un lugar para que el niño se siente, mantener l sedestación durante el tiempo completo de la comida, retirar su plato al final de la comida…
- Anticipar al niño de lo que va a suceder mediante apoyos visuales o verbales: nos servirá para reducir la ansiedad que le puede generar el cambio en sus hábitos de alimentación.
- Tener en cuenta las cantidades que ponemos en el plato: ajustándolas a lo esperable en cada situación.
Tratar de engañar al niño mezclando distintas comidas no es aconsejable, pues lo único que podemos conseguir es que deje de comer alimentos que ya comía previamente. En su lugar presentaremos el mismo alimento una y otra vez en diferentes momentos del día hasta que lo acepte.
Durante el periodo de tiempo que dura la intervención es importante no solo el trabajo en clínica, sino también la comunicación con las familias y con el entorno más inmediato del niño. Seguir las mismas pautas en los entornos del niño (domicilio familiar/centro escolar) potenciará la generalización de los aprendizajes a los diferentes contextos. Además, este trabajo, con frecuencia, debe ser complementado con un abordaje desde la Fonoaudiología, Endocrinología y Nutricionista; sobre todo si el niño presenta algún tipo de dificultad orofaríngea.
ESTRATEGIAS DE INTEGRACION SENSORIAL PARA LA SELECTIVIDAD ALIMENTARIA
- Ejercitar el cuello y tronco para preparar el cuerpo a recibir el alimento. Por ejemplo, practicar el juego de la carretilla.
- Permitir que el niño explore el alimento previo a comerlo, que lo vea, lo huela, lo toque y finalmente se aproxime a probarlo. No forzar a que lo coma.
- Utilizar cepillos o estimuladores de los dientes para masajear la parte interna de la boca, incluyendo la encía, los pómulos y la lengua.
- Practicar los movimientos que se hacen con la cara y boca: soplar, abrir la boca muy grande, sacar la lengua, masticar y guiñar el ojo.
- Practicar diariamente experiencias de sensaciones táctiles, masajear con crema, gel antimaterial desde los pies hasta la cabeza.
- Explorar con los pies y manos texturas secas (peluches), húmedas (todas las relacionadas con el agua) y viscosas (mezclas de harina y arena).
